La sonrisa

Quiero llevar a todos lados mi sonrisa,
como una moneda de oro en el bolsillo
que siento al caminar,
como un recuerdo de lluvia en el desierto,
como las horas más dulces del primer amor,
como la medialuna del gato de Cheshire.
Quiero llevar la sonrisa en mis palabras,
en la radical simplicidad que busco
-tarea imposible,
en los ojos con que veo
al que me está viendo verlo.

Soy humano,
moriré pronto,
pero tengo hoy al menos
esta hora puntual de irme haciendo viejo
comprendiendo que nada de esto es realmente serio;
no me salvo en el esfuerzo,
no me redimen las fuerzas de una luz
cuya raíz se hunde en otros mundos.
Está bien así, no quiero más,
lo tengo todo.
Acepto sin litigar ni una sílaba
de este convenio mío con la muerte.

Pero,
mientras son peras o manzanas,
tengo la fuerza de reír gratuitamente,
sin dolores ya,
a mis anchas,
un poco animal en libertad,
desatadas ya todas las cuerdas
que alguna vez unieron a tierra firme
esta barca,
a veces alegre,
a veces triste,
que llamamos corazón.

El mundo es lo que es
y lo seguirá siendo,
aunque insistamos
en voltear para otro lado
con tal de no darnos cuenta,
aunque echemos la mente a volar
para inventar historias imposibles
teorías, dioses y misterios.

Te diré el secreto de todos estos siglos:
la ridiculez habita entre los furiosos,
sonreír es todo lo que importa. 

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